Por: Oscar De la Hoz Salas.
Resaltando la importancia
del vallenato en la actualidad, que todo el país está arropado en las cobijas
de la música vallenata, son muchos los exponentes de este folclor que resaltan
a nivel nacional e internacional.
Es el caso del artista que
por estos días es considerado como el número uno del vallenato, Silvestre
Dangond, quien le ha dado otra cara al vallenato, transformando las presentaciones
en vivo, de parrandas a espectáculos a la altura de cualquier artista de gran representación internacional.
También es cierto que
Silvestre después de tener durabilidad con sus fórmulas en el acordeón, ha
entrado en la situación de estar cambiando su acordeonista, actualmente alterna
con su primo Lucas Dangond, quien ha demostrado que es un buen acordeonista,
pero la pregunta de muchos seguidores de Silvestre es: ¿si Lucas está a la
altura del espectáculo que ofrece esta organización musical?
En presentaciones se ha
visto, la descoordinación y equivocaciones del joven acordeonista, ¿es justo
que alguien quien pague una bolete para apreciar un show, como tiene
acostumbrado Silvestre, se encuentre con equivocaciones evidentes por parte del
acordeonista? Creo que no.
Por eso considero como
silvestrista y amante del buen vallenato que el acordeonista que debe integrar
este “ejército rojo”, es Cristian Camilo Peña, el eterno rey, uno del rey
vallenatos más representativo que tiene la música vallenata.
Este joven oriundo de
Pivijay Magdalena, una tierra que tiene la esencia vallenata en sus calles
arenosas y para Cristian no pasó desperdiciado, ese retumbar de las acordeones, desde su niñez tomó características en la digitación del acordeón con su inspirador el juglar, Abel Antonio Villa y su tío Ramiro Peña.
Cristian quien ha ganado en
varias categorías del Festival de la Leyenda Vallenata, en el 2008 se convirtió
en el Rey en la categoría profesional, el máximo estandarte para un digitador
del instrumento alemán.
Es tan prodigiosa la virtud
del acordeonista que a los 17 años de edad es convocado por unos de los
cantantes más distinguidos y con mayor trayectoria en el vallenato, como
lo es Jorge Oñate. Con él, desarrolló un
proceso de consolidación y posicionamiento como uno de los mejores de este género musical.
Después de retirarse de la agrupación,
como un gesto noble de un ser humano, dejar su gran pasión, para construir su
futuro al lado de su esposa Yina Springer y radicarse en la ciudad de Miami.
Dejando un gran vacío en la
escena vallenata, creo que es hora que el pollo de Pivijay vuelva a dar pico y
espuela en la gallera del gran vallenato.
Y quien mejor que hacerlo
con Silvestre Dangond, por muchas razones se acomodaría esta fórmula vallenata,
1+1= éxito. Por el estilo de Cristian se
acopla excelente al que maneja la agrupación, Silvestre desea internacionalizar
el vallenato, por esto se trasladó a Miami, Cristian vive en Miami así abría
una mejor cercanía y el vallenato internacionalmente se representa es con acordeón
que mejor que la actividad promocional la haga la formula (cantante
acordeonista).
La propuesta de este amante
del buen vallenato aquí queda plasmada, deseo ver y escuchar ese exquisito
folclor que recorre mis entrañas, que el gallo de Pivijay no solo gane 9
batallas, si no que vengan cientos, porque la experiencia y la cría esta, las
espuelas bien afiladas y el plumaje a esplendor, suelten al pollo, al gallo
Cristian Camilo Peña.
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