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lunes, 16 de marzo de 2015

El día de la traba

El reloj marcaba las 12:45 de la madrugada, los sonidos se agudizaban en aquellas cuatro paredes interrumpidas por un destello de luz que ayudaba a no conciliar el sueño, que muy dentro de mí, sabía por qué no había llegado; me juzgaba de no haberme trabado ese domingo en la mañana como lo había pensado; a lo mejor ya estuviera durmiendo plenamente, relajado.

Pero no, ahí estaba acostado pero como si fuera un campo de batalla: La luz incandescente que penetraba por la ventana, aquel abanico de techo que escaso de aceite sonaba más que cama de puteadero de antaño, ni hablar del grillo que chicharachaba sin descanso, no sé cuántos hijueputasos se llevó aquel animal.

De tanto revolotear llegué a la conclusión que cuando amaneciera lo iba a hacer, eso me ayudó en algo y Morfeo llegó en algún momento.

Como es habitual al despertar lo primero que hice fue tomar mi celular que desfunde como arma de traqueto (debajo de la almohada), 8:45 marca el reloj, era evidente que era lunes, solo se sentía maquinas que empezaban la rutina de lunes a viernes de ocho a seis. Ahí me encontraba yo con una labor que debía hacer, porque lo quería y evidentemente lo necesitaba, si no quería pasar otra noche como la anterior.

Ya tenía todo planificado: la hora era la propicia y el lugar lo tenía definido; caminé unas cuadras y me embarqué en aquel iniciador de mi viaje. Después de unos minutos me encontraba en el lugar, el sol se acomodaba en lo que serían las 10 de la mañana, el lugar un poco desolado, pero lo llenaba mi presencia, no necesitaba más, todo se traducía en armonía, la mayoría de los sentidos se revolvieron para hacer uno solo que se dejaba llevar por el climas de la situación.

Sin dudarlo me sumerjo en otro mundo que muchas veces paralelo pero tan real como el que andamos, en mi boca sentí un sabor que evoca al salado néctar producido en el centro del universo femenino.

Ratificaba que eso era lo que necesitaba y disfrutaba, al pasar de un tiempo mi cuerpo quedó suspendido, flotando, mis ojos solo veían formas no tan densas de contrastes de colores cálidos, tiempo que trascurrió lentamente y se generó una conexión tan profunda que solo éramos el universo y yo, no había espacio para más en esa compenetración, ni el más consagrado placer sexual generado por Venus, se comparaba con aquel momento “poseidonico”.

Al pasar un siglo, solo salí del mar y me fui, ya la tarea  estaba realizada, me había trabado.

Att: Un adicto al mar.

lunes, 12 de enero de 2015

El pulmón se acaba, exterminio de la Sierra Nevada

Por: Oscar De La Hoz Salas.
Al en tierra rodeada de la majestuosa e imponente Sierra Nevada de Santa Marta o como realmente es representada por las comunidades indígenas que allí han estado durante mucho tiempo, el pulmón del mundo, hoy se está acabando.
Desde hace varios años los que conocen realmente la tierra o como se le debe llamar “Pacha Mama”, lo han dicho, han alzado su clamor que estamos destruyendo el planeta, que lo cuidemos, pero en el mundo en el que vivimos la prioridad es el factor monetario antes que la preservación de la naturaleza, blasfemamos contribuir con campañas que solo hacen impacto virtual y por moda momentánea. Pero la concientización que deberíamos tener y escuchar realmente a los indígenas de ese pulmón, que nos están diciendo que estamos acabando el planeta, a esos es a los que se le tiene prestar atención sobre todo esta tragedia que estamos ocasionando a la madre tierra.
Frente al incendios que se han presentado en los últimos tiempos y que sucedió por ese mismo impacto que generamos al medio ambiente, los cambios climáticos que presentan actualmente, la sequía que tiene a nuestros bosques aún más secos, la culpabilidad de funcionarios de turnos que por su clientelismo y funciones de robar no están pendientes de sus reales funciones y piensan que no les va a suceder, miren lo que se ha generado más de 6 mil hectáreas de flora y fauna de la Sierra incinerados.

Una golondrina no hace verano 

Cuando se inició el incendio en la vereda la Secreta en jurisdicción del corregimiento de Siberia del municipio de Ciénaga, la única que manifestó que se le tenía que hacer frente y tomar medidas preventivas para esa situación fue la Capitán de Bomberos de Ciénaga, Lourdes Peña, nadie le hizo caso, los gobernantes tanto municipales, distritales, departamentales y hasta nacionales, la boquinetiaron, una sola golondrina no hace verano, el clamor que han tenido las comunidades indígenas que habitan la Sierra, hace muchos años han venido diciendo que hay que tener cuidado que preservemos la Sierra, que se está acabando ese pulmón, pero no como no tienen representación en los puestos gubernamentales que generan impacto en la sociedad no son visibles ni escuchados.
Ahora ya cuando se ha generado este daño irreparable,  es cuando esos mismos gobernantes que hicieron caso omiso a todas los llamados de emergencia y alerta que pocos manifestaron, son vistos enviando fotos desde helicópteros, o con una pala en la mano con los cachetes sucios de negro como si sintieran lo que sucede, también realizando brigadas de entrega de salud llevando a tres médicos y un odontólogo para enviar la foto a los medios de comunicación, eso no se soluciona así, la concientización es con querer a la tierra que es de uno, sentir lo que es nuestro, si no se tiene sentido de pertenencia no hay nada.
Como le escucharía a uno de esos viejos provincianos que valoran su tierra: “Si quieres a tu tierra ella te dará todo, si la maltratas ella te maltratará a ti y a los tuyos”.
Por eso enseñaré a Daniel José que la tierra se quiere, se protege y se cuida como a la mamá, porque de ella venimos y en ella quedamos.